La noche es la mitad de la vida, y la mitad mejor. Goethe



viernes, 3 de diciembre de 2010

TENGO UN AMIGO EN ARGENTINA...

Tengo un amigo en Argentina que hace unos días ha visto hecho realidad un sueño largamente perseguido. El sueño que todo loco por las estrellas anhela algún día alcanzar: un lugar fijo desde donde uno pueda compartir sus confidencias, de tú a tú, con la inmensidad de la noche. Para Roberto Vasconi ya llegó ese momento... mágico, diría yo, en el que uno queda invadido por sensaciones nunca experimentadas, pero no por ello menos ansiadas. Y es que cuando uno traspasa el dintel es como entrar en una dimensión recóndita, en una especie de santuario o lugar sagrado, donde reina el silencio, el sosiego, la calma y son cuna del espacio y el tiempo.

Sí, tengo un amigo en Argentina que al fin ha tomado su toga de iniciado y ya es miembro por derecho de esa comunidad de elegidos que al llegar la noche abren un ventana al cielo para espiar a las estrellas. Bienvenido, amigo Roberto. Observatorio Astronómico ÍO, ese el nombre que desde el día 27 de noviembre resuena en Villa Allende, en la homónima Córdoba argentina. Ese día, el de la inauguración del observatorio, lo pasé a caballo entre España y Argentina y eso aún a pesar de la distancia. Quizá porque lo haya vivido en mis propias carnes hace unos años, estuve todo el día pensando en mi amigo y en su flamante observatorio. Aunque no físicamente, sí en esencia, estuve allí, acompañando a mi colega en su día prodigioso. Emoción, ilusión, el orgullo por lo bien hecho, por ver al fin materializada una idea, un proyecto. Las sensaciones son aún más intensas cuando uno es el propio artífice del observatorio; cuando las formas, las dimensiones, los mecanismos, que en un principio no son más que pura energía cerebral, logran irrumpir al entorno tridimensional que nos rodea, a través del empeño, el tesón y la fuerza de nuestra mano, del trabajo entregado. Seguro que mi amigo Roberto Vasconi ya no recuerda esas largas horas pasadas en el taller, las incertidumbres o los inconvenientes que a veces irrumpen en el camino. La compensación a todos estos esfuerzos llegó, como digo, el día 27 del mes pasado. Esa hoja del calendario no volará empujada por el viento como paja estival, muy al contrario será guardada en un lugar seguro donde esté protegida del olvido, donde irá amarilleando con el tiempo al unísono con el guardián: el corazón de mi amigo Roberto.
Vista general del Observatorio ÍO.

El telescopio principal del observatorio.

La cúpula se levanta altiva sobre las construcciones de Villa Allende.

La inauguración, como es de ley, debe transcurrir en compañía. Es un día propicio para compartir con los amigos, más que de costumbre, nuestra alegría. Y para comer y brindar en armonía y compañerismo con aquellos que comparten nuestra forma especial de ver la vida. Y por supuesto, ¿qué mejor día para expresar nuestro reconocimiento a esposas, novias, compañeras, por su compresión y por su apoyo? Un sentido beso de gratitud que sale del alma.

Al fondo, presidiendo la comida de hermandad, Roberto Vasconi.


Ellas son importantes.

Palabras de agradecimiento de Roberto Vasconi.

¿No lo he dicho? Tengo un amigo en Argentina que desde su espacio hemisférico será partícipe del baile de las estrellas dobles al son del tango más desgarrado. Roberto, mi más emotivas felicitaciones. Vos sos un tipo grande. Hasta aquí.

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