La noche es la mitad de la vida, y la mitad mejor. Goethe



lunes, 15 de octubre de 2012

EL VERANO QUE FUE


Creo que nunca antes había dejado pasar tanto tiempo entre dos entradas: más de tres meses desde aquel lejano mes de julio recién estrenado. Los que os pasáis por aquí con frecuencia sois conocedores de que en verano me acojo a una especie de "retiro", no sé si espiritual, pero sí completamente mundano. Es la época del año en la que desconecto (o al menos lo procuro) de compromisos, relaciones y actividades más o menos públicas. Lógicamente, siempre hay imprevistos y labores de "mantenimiento" que hay que atender, pero como digo, la idea es descansar de la vorágine astronómica del resto del año, actividad que de un tiempo a esta parte es muy densa a la vez que apasionante. En este sentido, aprovecho las vacaciones veraniegas para recargar energías de cara a la "próxima temporada". Es más, prácticamente, ni siquiera hago uso de Internet durante estos meses. Pero no, mi actividad astronómica no cesa, en este lapso. Precisamente, es la época en la que realizo el grueso principal de mis observaciones anuales de estrellas dobles. De manera incondicional me rindo ante mis queridas dobles, acometiendo mi ya tradicional programa personal de observación: sí, las dobles de Stein: tengo en lista de espera otros 500 pares para medir y publicar. Uno tiene un carácter eminentemente estival: desde primavera hasta últimos de septiembre, como el ave Fénix, renazco observacionalmente y me hincho a observar en el OACP. El invierno castellano es muy largo y las noches óptimas no abundan; así pues, me aseguro trabajo para los meses malos.
Este verano me ha resultado excepcionalmente corto. Y no sé por qué. La impresión es que el tiempo me ha sobrepasado a una velocidad inusualmente acelerada. Qué cosas. Cuando he querido darme cuenta, el color de las tardes era ya más lánguido, desmayado y apagado; sin el vigor ostentado al comienzo de la estación: la luz, extenuada por dorar las mieses, poblar las huertas y madurar las uvas, ha de bajar su ritmo de actividad: son los síntomas inequívocos de la llegada de septiembre y del nuevo equinoccio.
Aunque fuera de tema, en este tiempo también he tenido ocasión de hacer un par de conciertillos para mostrar mis nuevas canciones. Parece que esta faceta dormida, aunque nunca olvidada, está reapareciendo con fuerzas renovadas. No cerraré las puertas, eso nunca, pues sería como recortar mis propias alas. Permitid que os deje un par de instantáneas.
Recital el 7 de agosto en la 32 Semana Cultural de Wamba, un pueblecito precioso y tremendamente histórico cercano a Valladolid.
 
Concierto el 5 de octubre en el Café-Bar Milano de Valladolid. Una delicia de ambiente y de público. A mi vera, mi hijo Adrián a la batería.

Amigos, estaré por aquí a menudo a partir de ahora. Ad Astra.

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